Fuimos a Phnom Phen, la capital de Cambodia, con el único propósito de tramitar nuestra visa para pasar a Vietnam.  Una ciudad grande, que lució organizada, pero alborotada de día y tranquila de noche, no tiene mucho que ofrecer más que la visita al palacio real, un par de mercados, o una caminata por la rambla a lo largo del imponente Mekong.

Aprovechamos el tiempo muerto para montarnos en una moto e ir a uno de los centros de genocidio más famosos, donde fueron torturados y exterminados más de 40.000 camboyanos en manos de sus compatriotas ¨los jemeres rojos¨, militares que estuvieron al poder del gobierno y obligaron a la población de la ciudad a trasladarse a los campos para trabajar hasta morir, o ser asesinados por el simple hecho de lucir intelectual  o hablar más de 1 idioma. En solo 5 años, 2.000.000 de camboyanos murieron bajo un reinado de terror. Casi 1/4 de la población de ese entonces.

Un recorrido con un audio guía nos llevó por las fosas comunes donde tiraban los cadáveres, mientras huesos, dientes y rasgos de ropa se asomaban en el camino, ya que salen a la superficie luego de las fuertes lluvias. Un monumento se alza en el centro con 7 pisos de alto, repleto de los cráneos encontrados en el lugar, clasificados por edad y sexo, para no olvidar lo sucedido en aquellas épocas de terror y no vuelva a suceder.

De noche nos reencontramos con ¨Guille¨, un amigo Colombiano que nos estaba esperando con otros amigos para mostrarnos la ciudad, comer una BBQ típica en una especie de fondue donde vos te cocinas tu comida y salimos por unos tragos de noche.

Al día siguiente estábamos listos para  pasar a Vietnam.