Inle Lake Myanmar

Situado en el sudeste asiático más occidental, Myanmar, la antigua Birmania, es uno de los países más diversos y hermosos de la región. Contrario a Filipinas, llegamos sin saber que esperar y nos recibió gratamente con sublimes paisajes salpicados de pagodas y cosechas de arroz, té, choclo, y maní; una apasionante historia y un pueblo hospitalario, honesto, desinteresado, y profundamente budista, que convirtieron a este destino en nuestro favorito en el mundo.

Arribamos en Yangon, la antigua capital del estado. Una ciudad caóticamente pintoresca, de diseño y arquitectura británica, colmada de pagodas y revejecidas edificaciones coloniales. Salimos a caminar por su centro histórico y la gente nos paraba en la calle para que les saquemos fotos, queriendo intercambiar alguna que otra palabra en su inglés básico y sin pedir nada a cambio más que una sonrisa.

Luego de unos días nos dirigimos al Lago Inle. Un lugar mágico y encantador, situado en las colinas del estado de Shan que flanquean el lago. Para llegar, nos aventuramos a 3 días de caminata, atravesando aldeas de montaña y durmiendo con los locales, sin luz eléctrica, con cocinas a leña, baños externos a las casas y calles de tierra repletas de niños jugando inocentemente. Sus habitantes son campesinos vestidos de manera tradicional que se dedican a trabajar la tierra descalzos con búfalos de agua y carretillas. Al llegar a destino, nos recibieron islas de plantaciones acuáticas, aldeas sobre pilotes y barcazas de madera pesqueras con remadores a pié. La joya del país para nosotros.

El próximo lugar que visitamos fue Bagan, uno de los principales sitios Budistas en Asia. En el siglo XI fue el centro del glorioso reino Bamar,  que creó más de 10.000 templos, pagodas y monasterios y hoy conserva 2.200 edificaciones de aquella época a lo largo del río y dispersos en poco más de 3 kms de radio. Recorrimos muchos de ellos en bicicleta bajo calores agobiantes y avistamos el atardecer desde lo alto de un famoso templo. Por las noches frecuentábamos un restaurante local en donde nos recibían con alegría a diario y ordenábamos unos deliciosos noodles de arroz o el famoso Lapei, un té con leche condensada.

Tras cuatro días rodeados de templos, viajamos a Hsipaw, ciudad fuera del circuito turistico, en busca de un poco de verde. Si bien pensábamos estar pocos días, terminamos quedándonos 8; su naturaleza, su gente simpática, la calidad de la comida y el ambiente despreocupado no nos dejaban ir. Caminamos 2 días por la montaña para visitar otra aldea autóctona. Esta vez lo hicimos solos, sin guía, y a pesar de la lluvia constante y el barro que dificultaba el paso, disfrutamos con gente local, charlamos con pueblerinos y nos adentramos en la cultura Shan.

El último destino fue Mandalay, capital de Myanmar que fue en el siglo XIX el último reino birmano y continua siendo el corazón espiritual de la nación. Llegar allí significó tomar un tortuoso y lento tren y una camioneta cargada con ananás que nos llevó en el techo por 70kms. Una ciudad grande pero con encanto, con interesantes templos budistas y con su hermosa gente de dientes rojos y cara amarilla*.

Viajar a Myanmar es viajar en el tiempo, es retroceder a los años 60. No sabemos cuántos otros países del mundo quedarán tan intactos como este, probablemente pocos o ninguno. Es un destino sin igual; con más pagodas que escuelas, es el sueño de cualquier viajero independiente que busca involucrarse con la gente y la cultura local para compartir sus creencias y tradiciones. Es un país que te llena de buena energía y no te quiere dejar ir. Nos dio mucha tristeza tener que marcharnos.

*Dientes rojos: Costumbre adoptada de India, hombres y mujeres de todas las edades mastican un tabaco llamado “paan” que se prepara a base de tabaco, limestone y nueces acidas envueltas en una hoja verde. Se mastica por un largo rato y se escupe la saliva roja al piso, pintando asì todas las calles con marcas de ese color. Los dientes quedan rojos por un tiempo, y gente que tiene el habito los tiene teñidos de modo permanente.

*Tanaka: Utilizan una madera llamada ¨Tanaka¨ mezclada con agua que al raspar se convierte en pasta; el resultado se lo colocan en la cara y brazos como protección solar. Los niños suelen llevar diseño de Mickey Mouse en la frente.

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