Annanpurna Trek

Un vuelo corto de poco más de una hora nos dejó en Katmandú, la ciudad más grande e importante de Nepal que alberga también su centro histórico y cultural. Durante el viaje en taxi desde el aeropuerto buscamos vestigios del reciente terremoto que azotó al país, pero a simple vista no divisamos ningún daño; sin embargo no paso desapercibida la espesa nube de contaminación que nos rodeaba y nublaba la visión.

Pasamos los primeros días refugiados en el área de Thamel, una pequeña parte de ciudad destinada al turismo, donde el caos de tráfico parece reducirse a unos pocos autos y motos. Sus calles tienen una seguidilla incontable de negocios de ropa trucha de outdoor, accesorios, souvenirs, mapas, etc., que se mezclan con agencias de turismo, panaderías, restaurantes locales e internacionales, bares, hoteles y bed&breakfast. Disfrutamos de los lujos mundanos y la variedad de alternativas que ofrece esta gran ciudad occidentalizada mientras limábamos los detalles para cumplir nuestro principal objetivo en Nepal: Caminar los Himalayas.

Una mañana cuando estábamos saciados de esa vida, nos subimos a un bus local para mudarnos a Pokhara, el segundo lugar más turístico ubicado a unos 200 kms de distancia y 8 hs de camino de montaña entre empinadas colinas de arroz de donde aparecían de repente pequeñas aldeas. Esta ciudad es bellísima, rodeada de montañas junto a un gran lago con hermosas vistas y picos nevados, también cuenta con una amplia oferta de actividades al aire libre que incluyen parapente, rafting, paseos en bote, mountain bike, etc. Así mismo, es el punto de inicio de las caminatas al área de conservación que encierra al Annanpurna, uno de los tantos picos que conforman el cordón montañoso de los Himalayas.

Dos noches no fueron suficientes para disfrutar de Pokhara, pero aun así madrugamos para subirnos en un bus local y luego en un jeep que nos llevó por precipicios hasta un pequeño poblado donde comenzaba nuestra caminata “Annanpurna Circuit”; el más largo y dificultoso que comprende 150kms de longitud y se realiza en un promedio de 10 días caminando entre 5 y 8 horas diarias.  Se asciende de a 500 metros diarios aproximadamente para evitar el mal de altura o apunamiento y hasta llegar al pase más alto llamado Thorong-La Pass.

La aventura comenzaba…avanzamos por el camino siguiendo el río junto al valle. Pequeños arcos cubiertos de banderines con la frase ¨om mani padme hum¨ (mantra del budismo tibetano) y una seguidilla de ruedas de oraciones indicaban la entrada a las pequeñas villas tradicionales donde no había más que un puñado de casas que funcionan como hoteles con todas las facilidades básicas y un menú a base de sus cosechas de harina, maíz, y lentejas (dhal),y en algunos lugares hasta contaban con carne de Yak (*). Pasamos los días atravesando cosechas de flores y vegetales, bosques, cascadas, ríos, y selva. La vegetación paso de ser espesa y tropical, con mariposas multicolores y arboles florecidos, a semiárido donde lo verde comenzó a reducirse a solo pinos y hasta desaparecer gradualmente en un clima alpino donde solo sobreviven yuyos espinosos que crecen como hierbas salvajes entre las piedras y empezaban a asomarse gigantescos picos nevados por detrás de las montañas.

Las energías se agotaban día tras día, el sol del día se volvía más intenso y el frio de la noche más congelante, las piernas pedían a gritos dejar de caminar y la falta de oxigeno se hacía presente produciendo mareos, y nauseas. Hasta que llegamos al cruce y punto más alto del recorrido: 5416 metros de altura. Desde aquí en adelante todo fue más sencillo y en bajada, avanzamos más rápido, el esfuerzo fue menor y los síntomas de la altura comenzaron a desaparecer. Luego de 10 arduos días de caminata festejábamos haber cumplido nuestro objetivo como un triunfo, y lo celebramos con una hamburguesa de Yak y una cerveza local sabor a sabayón que se toma caliente: la Tongba.

Decidimos entonces que ya era tiempo de volver a la civilización y seguir camino; cargando con cansancio acumulado y partes del cuerpo adoloridas pero una sonrisa gigante dibujada en nuestras caras y habiendo vivido una de las mejores experiencias de nuestras vidas.

De camino de vuelta, hicimos una parada estratégica para practicar rafting en el río Trisuli donde durante poco más de 2 horas y acompañados por una tripulación de 2 asiáticas, sorteamos rápidos de distintas categorías que nos volcaron, nos tiraron de la embarcación, y nos obligaron a saltar del barco agarrados a una soga. Muy divertido!!! Luego seguimos camino a Katmandú, esta vez decididos a visitar sus principales atracciones, pero lamentablemente encontramos solo las ruinas y vestigios de lo que habían sido construcciones milenarias destruidas por el terremoto que azotó al país a principios del 2015. Sin embargo recorrimos estos sitios que esconden miles de leyendas y aun guardan ese misterio en el aire. Afortunadamente, en el palacio real, que aún sigue en pie, pudimos ver con nuestros propios ojos a Kumari, una pequeña niña que según las creencias locales fue seleccionada divinamente desde su nacimiento para alojar la reencarnación del Dios Taleju, convirtiéndose en el único Dios viviente en la tierra. Se asomó a la ventana por unos pocos segundos, miró desde arriba a la multitud que la observaba y desapareció.

Nuestros planes de estadía para Nepal eran muchos más extensos, pero fue casualidad que estuviésemos allí para un día histórico donde tras medio siglo de lucha, Nepal declaro su nueva constitución que los volvería soberanos formando un estado federal. Fue así que aquella noche muchos de los habitantes, incluidos nosotros, salieron a festejar a las calles a bailar, a prender velas, y a tirar fuegos artificiales, mientras que tribus y grupos étnicos minoritarios hicieron huelgas y salieron a cortar las calles y las rutas. Se declararon 2 días feriados que nos impidió trasladarnos entre ciudades y nos tuvimos que quedar anclados en Katmandú más de lo planeado. Al tercer día parecían haberse apaciguado las aguas, aunque rondaban rumores que las protestas iban a incrementarse e iba a haber violencia en las calles, asique decidimos que era momento de movernos. Afortunadamente logramos subirnos a un colectivo con destino a Darjeeling, India; pero como ya lo preveían las autoridades, las rutas estaban cortadas por manifestantes y tuvimos que esperar más de 20 hs hasta la llegada de la policía que nos escoltó de noche para pasar entre la multitud. Finalmente, ya de mañana cruzamos a pie el puente que funciona como frontera con dicho país.

En esta ciudad del Noreste de India pasamos unos días con mucha lluvia y nublado, a tal punto que parecíamos estar en una constante nube. Darjelling es la estación de montaña más antigua de la India y cuna del mejor te del mundo y a pesar de su belleza natural, el clima nos hizo escaparnos y volver a donde empezamos: Kalkota, una mega ciudad desde donde salía nuestro vuelo. Allí conseguimos una excelente oferta en un hotel de lujo en donde descansamos y comimos todo lo que sabíamos que extrañaríamos de la gastronomía hindú.

Lamentablemente no logramos involucrarnos tanto con los Nepalies, en general son personas muy introvertidas que basta con mirarlos o hablarles para notar una tranquilidad inclaudicable que los inunda. La mayoría son profundamente creyentes en el budismo pero no lo profesan, sino que lo practican internamente en su forma de pensar o actuar. Sin embargo tienen algunas creencias y practicas chamanicas que incluyen amuletos protectores, mantras, ruedas o ritos oportunos. Físicamente tienen rasgos orientales, pero su piel oscura deja claro la mezcla que se produjo entre hindúes y tibetanos, quienes se amontonan en las montañas del norte.

La gastronomía en general no tiene nada de especial (para nosotros). Su dieta diaria está conformada por sopa de vegetales, lentejas, arroz, noodles o momos. A nosotros nos resultaba soso y con falta de sabor, pero hicimos el esfuerzo, siempre que pudimos, para comer platos locales y buscar nuevos sabores.

No fue un país de paso, su riqueza histórica y cultural sumado a su belleza natural  hizo que valiese la pena la visita.

(*)Una especie de mitad vaca mitad búfalo que vive en las montañas y los locales lo usan como transporte de mercadería, su leche para hacer un queso de sabor fuerte, lana, cuero y carne.

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