La frontera entre Laos y Tailandia está delimitada por el majestuoso río Mekong que recorre todo el país de punta a punta. Entrar fue unos 30 minutos de papeleo incluyendo la visa ¨on-arrival¨. Una vez en Laos nos esperaba un bus de 15 hs hasta lo que iba a ser el primer destino en Laos. Sufrimos y nos regocijamos con cada minuto que pasamos viajando. Las rutas de angostas curvas nos daban una hermosa vista de paisajes de montañas y nubes bajas en un camino empinado de ¨serrucho¨ que nos hizo  vomitar más de una vez. Finalmente, luego de 26 largas horas, llegamos a Luang Praban. La antigua capital del país; Es una ciudad pequeña, tradicional, prolija y ordenada encerrada entre 2 ríos. Nuestra corta estadía sumado a que Sabrina sufrió una gastroenteritis , no nos permitió más que pasear por los alrededores, conocer su precioso mercado nocturno, y disfrutar de la exquisita comida local al costado del río. Afortunadamente el seguro medico actuó con rapidez y efectividad nuevamente, asique no nos lamentamos y seguimos camino hasta Vang Vieng.

Llegar fue un placer de reyes. Este lugar es el paraíso soñado por cualquier adolescente. Una pequeña villa aislada con buenos y baratos alojamientos que se extienden al costado del rio, los bares/restaurantes transmiten capítulos de las series «Padres de Familia» y “Friends” indefinidamente a lo largo de todo el día y ofrecen alcohol, comida rápida y drogas de todo tipo en el  “happy menu” a precios irrisorios.

La principal atracción del pueblo es el ¨tubbing¨. Una modalidad única de salir a tomar un trago. Consiste en subirte a unos neumáticos inflados para deslizarte rio abajo. A las orillas te esperan bares con shots gratis, música y juegos para emborracharse. Cada bar tiene su atracción propia, desde toboganes gigantes, vóley en el barro, hasta tirolesas,  o plataformas e inflables para saltar. Para alcanzar un bar, te lanzan una soga con una botella en el extremo para que te sujetes mientras te arrastran hacia él. Es una diversión increíble si se hace en forma prudente, pero nunca falta aquellos que se descontrolan y  son los causantes de accidentes.

Más alla de todo el ambiente de descontrol que se vive. La belleza natural del lugar es insuperable. Rios, Cuevas, lagos, campos de arroz, y montañas encierran el lugar.  

Alquilamos una moto para recorrer sus alrededores, nos adentramos en una oscura cueva prehistórica en la profundidad de una montaña, nadamos en lagunas naturales de aguas azules e hicimos tubbing por entre unas cuevas subterráneas.

Vivimos una experiencia irrepetible e inolvidable. Aunque evidentemente esta no sea la verdadera cara de Laos y lamentablemente este pequeño pueblo ha perdido su esencia para occidentalizarse cada vez más cumpliendo con las demandas de sus turistas que son el sustento de su economía, tenemos que admitir, que fue un respiro en el medio de Asia para sentirse como en casa.