Tomamos un sleeping bus, y resulto mejor de lo que esperamos. Para subirte es obligatorio sacarte los zapatos y ponerlos en una bolsa. No son simples asientos, sino cuasi camas que pueden reclinarse casi 180 grados y se encuentran distribuidos en 3 filas y 2 pisos. Muy locos, suficientemente bueno y cómodo para que puedas descansar unas horas.

Nuestro paso por Muine fue fugaz pero no paso desapercibido. Un destino de playa con turismo local debido a la cercanía con la gran ciudad. Los hoteles, y restaurantes se encuentran esparcidos a lo largo de la avenida principal cubriendo toda la vista de una playa bastante sucia y con pocas horas para aprovecharla debido a las mareas.

Saliendo de la ciudad, se encuentran unas dunas descomunales que combinado con el calor que raja la tierra, hacen que parezca el mismísimo desierto. Estas cambian de forma constantemente debido al viento que las azota, transformándolas en un paisaje precioso que ha servido de inspiración a poetas, pintores, escritores, e incluso ha sido utilizado en filmaciones de películas, y es perfecto para sacar fotos. 

La primera duna que visitamos era de arena totalmente rojiza, cerca del mar. Ahí nos esperaban unos chicos que te alquilan sus trineos para deslizarte, te muestran los mejores lugares, te preparan el camino y te empujan hacia abajo.  Súper divertido!!

Seguimos camino en la moto hacia las segundas dunas que se encuentran más alejadas a través de un camino escénico bordeando hermosas playas desoladas, plantaciones de té sobre la arena, y manadas de vacas bloqueando la ruta. Estas dunas eran de arena blanquecina, más grandes y con pendientes más pronunciadas. Nacían al costado de un lago lleno de flores de loto, y se podía acceder en Jeep o en cuatriciclos. En el camino de vuelta paramos unos minutos en un pequeño cañon colorado formado por el paso de un río con sus canales.

Por la noche aprovechamos para comer frutos del mar en unos puestos callejeros al lado del mar donde asaban todo tipo de pescados y caracoles frescos como así también algunos platos raros como tortugas, mantarayas, o anguilas. Ahí conocimos una pareja de españoles con los cuales tuvimos rápida empatía. Compramos unas cuantas bebidas y nos fuimos a su hotel a terminar la noche divagando y escapando de las ratas que nos amenazaban en el restaurante mientras buscaban restos de comida entre nuestros pies.