Volvimos a Bangkok para continuar subiendo por Tailandia hacia el norte y con la esperanza de pasar el menor tiempo posible en esa ciudad colosal que nos dejó una mala primera impresión. Pero lo cierto fue que nos abofeteó y nos sorprendió. Nuestra segunda experiencia fue fabulosa y más intensa que hasta decidimos quedarnos unos días más de lo esperado.

En primer lugar, cambiamos la zona de alojamiento y nos hospedamos cerca de la famosa Khao San Rd, donde nuestra perspectiva de la ciudad cambió radicalmente. Transformado en peatonal por la cantidad de puestos, podes encontrar desde insectos fritos hasta documentación falsa express, tatoos, o rastas instantáneas. Cualquier cosa que se te cruce por la mente, esta esperándote en Khao San Rd. Es un lugar alejado del alboroto y el stress propio de la gran ciudad donde se concentran una gran cantidad de turistas dispuestos a enloquecer entre los cientos de bares que están abiertos las 24 hs debido a que se alojan en las recepciones de los hoteles.

Fuimos a visitar templos en la cercanía: Wat Pho y Wat Arun. Ambos preciosos. Uno de ellos contiene una inmensa estatua de un buda acostado dorado de 50 mts de largo y 15 de alto. Magnífico. De vuelta al hotel tomamos un ferry público, a un precio irrisorio, por el río Chao Phraya a través de una red de canales llamada ¨La Venecia del Este¨. Este río ancho, de proporciones inmensas y color marrón muy peculiar, es muy transitado pero igualmente nos permitió contemplar la ciudad de noche iluminada y sus monumentos.

Al día siguiente nos levantamos a las 5 AM para ir al mercado flotante de manera independiente (en transporte público) para llegar antes de que lo haga la horda de turistas que van en tour. La verdad es que no lo logramos, pero la experiencia fue única y supero nuestras expectativas. Llegar no fue difícil y ni bien arribamos nos dimos cuenta que valió la pena madrugar. Nunca habíamos estado en un lugar similar, y nos asombró por completo. Tomamos un barco a remo a través de los angostos canales donde a las orillas se ubican puestos de ropa, especias, suvenires y pinturas. Durante el recorrido, te cruzas con cientos de otros botes vendiendo frutas, verduras, y comida que cocinan en los mismos botes. Una forma distinta de ir de shopping!!

Es necesario mencionar que los productos que vendían la mayoría de los puestos no eran novedad, sino comunes en todos lados además de que tenía un alto sobreprecio. Excepto por las hortalizas que se veían muy frescas. El mercado tenía un tono turístico/comercial, pero todavía se podía percibir que mantiene la tradición de comercio como en la antigüedad.

A la vuelta hicimos una parada rápida en el mercado de flores para deslumbrarnos con una variedad de flores exóticas y arreglos florales. Aprovechamos la oportunidad para comprar unas semillas para mi madre que quiere experimentar.

La madre de todos los mercados: ¨Chatuchak¨. Considerado uno de los más grandes del mundo tiene fama internacional por su envergadura y diversidad. Funciona solo sábados y domingos y convoca a más de 300.000 personas por día. Cuenta con más de 15.000 puestos repartidos en 25 áreas, desde antigüedades y plantas exóticas hasta muebles y mascotas. Un sinfín de puestos distribuidos en corredores a lo largo de 35 hectáreas de parque en el corazón de Bangkok; están bien organizados por rubro, número y posición, pero así y todo imposible visitarlos todos en 1 sólo día. Sorprendentemente los precios no eran muchísimos más bajo de lo que esperábamos. Una sola frase nos ayudo: ¨Si te gusta cómpralo, porque no sabemos cómo volver al puesto ¨. Después de casi 10 hs de caminarlo sin parar, compramos hasta cansarnos, sin terminar de recorrerlo por completo, pero al menos nos volvimos al hotel agotados con algunos nuevos tesoros en la mochila.

Al día siguiente nos embarcamos temprano en un tren con rumbo a la antigua capital de Tailandia: Ayutthaya.