El 17 de mayo por la mañana partimos en un ferry que nos llevaría en solo 2 hs a Koh Phi Phi (La hermana menor). Una pequeña isla que fue azotada por un tsunami en 2006 pero se hizo popular entre la comunidad de backpackers como un destino imperdible.

Y así es. Un lugar inmerso en un parque nacional marino protegido donde no está permitido ningún vehículo a motor, ni tampoco hace falta. Las distancias a cualquier lugar son fácilmente caminables. Los locales se trasladan en bicicleta haciendo sonar su campana, o diciendo ¨pi pi¨, exigiendo el paso. También transportan provisiones y valijas desde el puerto en una especie de carretillas caseras.

Gente relajada, pintorescos botes ¨long tail¨ posándose sobre el agua turquesa, calles angostas colmadas de bares, restaurantes, puestos de souvernirs e innumerables centros de buceo hacen del lugar un sitio mágico

. Si bien las playas eran bonitas, no fueron de las más lindas que vimos, ya que estaban plagadas de barcos o recuperándose de la catástrofe.

Al otro día por la mañana, tomamos una excursión que atravesaba el parque marino, un lugar deshabitado por seres humanos pero abundante vida marina, dado que está prohibido pescar. Tuvimos la oportunidad de hacer Snorkell y ver cientos de pececitos que se acercaban a saludar.

La mayor atracción es, sin duda, la costa de la película ¨La Playa¨ (Maya Bay), protagonizada por Leonardo Di Caprio en 1999. Ya que estábamos en una embarcación pequeña la única posibilidad de acceder era por la ¨puerta trasera¨. Llegar nadando para luego balancearte entre unas sogas, mientras las olas te apaleaban, para finalmente alcanzar unas escaleras. Algo peligroso donde no era difícil lastimarse. El lugar soñado. Una postal.

Otra parada fue ¨la playa de los monos¨, una pequeña costa que se hace ver cuando baja la marea y se llena de monos en busca de comida que arrojan los turistas. Estos aún salvajes no son muy amigables, y Sabrina fue mordida por uno de ellos en la pierna al intentar sacarse una foto de cerca

. Nada grave, la llevamos al hospital local y le dieron la vacuna de la rabia para administrarse en 5 dosis.

Por la noche encontramos un restaurante de cocina italiana y en 2 ocasiones nos deleitamos con pastas y pizza. Muy lejos de las delicias argentinas y nada comparado con el pesto de mi viejo Tito, pero algo es algo a tantos kms de distancia.

De noche los espectáculos de fuego llenaban los bares de la playa. Mesitas bajas, pufs y juegos como el ¨Limbo¨ o saltar la soga de fuego al ritmo de la música. La gente participaba para ganarse ¨shots¨ o botellas enteras de alcohol. Super entretenido.

Al dia siguiente nos embarcamos para Koh Lanta (La hermana mayor), otra isla cercana, de influencia musulmana, esperanzados con encontrar playas paradisiacas donde terminar de formar un bronceado perfecto, pero en el puerto caímos en la tentación de confiar en un vendedor que nos ofrecía hermosos bungalows en un resort  con pileta, vista al mar, en la mejor playa de la isla.  Era todo casi cierto, lo que no nos dijo fue que no solo no estábamos en la playa principal, sino que alejado de bares, restaurantes o supermercados, muchos cerrados por la baja temporada

. La habitación básica. La playa era rocosa en marea baja, y no había arena en marea alta. Una decepción. De todas maneras no impidió que disfrutemos de la pileta, y descansemos en las reposeras con la brisa del mar viendo el atardecer.

Aunque solo nos quedamos 1 día la isla no nos gusto. La combinación de la mala atención, poca infraestructura o alternativas la hicieron poco atractiva. Consideramos que puede ser un lugar encantador para aquellos que prefieren pasar todo el día en un resort de lujo disfrutando de sus comodidades frente al mar.

Si bien imaginamos que después de tantas islas todas nos iban a parecer similares, nos equivocamos. Cada una tiene su encanto particular, singularidad de paisajes, forma de vida, y vibra. Vale la pena recorrerlas todas.