Pasar a Cambodia fue una mala experiencia. Fuimos cuasi-obligados a pagar un precio altísimo, a sabiendas que las empresas de transportes y los policías fronterizos están todos arreglados en una gran red mafiosa de corrupción donde se aprovechan descaradamente de los turistas cobrándoles costo extra en controles de salud innecesarios, estampados e impuestos a visas inexistentes. Esto es posible gracias a que el límite se encuentra incrustado en la jungla en el medio de la nada misma, a unos 100 kms del primer pueblo medianamente civilizado donde no hay transporte ni servicios. Pero bueh, dicen que el que menos sabe menos mala sangre se agarra y a veces es preferible resignar un par de billetes para conservar la salud mental. De todas maneras tratamos de que eso no afecte para formar una primera impresión.

Decidimos empezar a recorrer Cambodia por un pequeño pueblo al noroeste, fuera del circuito turístico natural, seducidos por sus atractivos naturales: Ban Lung. En el camino llano fuimos sorprendidos por la notoria deforestación que te permite ver a cientos de kilómetros sin un árbol que bloquee la visión. 

Pocos son los turistas que se animan a visitar este asentamiento a las orillas de un precioso lago que se extiende a lo largo de una ancha avenida con boulevard donde al final se encuentra un gran mercado local polvoriento al cual no nos animamos a entrar por el olor que emanaba  y la cantidad de insectos y bichos raros que vendían en la entrada.

Sin perder tiempo, alquilamos una moto, conseguimos un mapa y nos sumergimos entre el laberinto de calles internas de tierra para llegar a una de las tantas cataratas que rodean el pueblo, las cuales no resultaron ser asombrosas, pero sirvieron para darnos un chapuzon.

Al día siguiente rentamos una bicicleta y fuimos a pasar el día a un tranquilo lago cristalino de agua semi-caliente formado en el cráter de un volcán de hace 70.000 años que los locales cuidan celosamente, ya que no dejan a los especialistas estudiarlo.

El lugar lo hizo memorable la oportunidad de introducirnos a la cultura y sus delicias, la amabilidad de la gente local que se nos acercaban curiosos a conversar o nos saludaban al paso y nenes desnudos que corrían a nuestro lado para ¨chocar los 5¨.