Leh India

Tomamos un vuelo turbulento por sobre los picos nevados con destino al extremo noreste del país para reencontramos con el último integrante que completa el clan: El ¨tío Carlitos¨, que se nos unía desde Israel. Aterrizamos en Leh, que es el último pueblo de mayor envergadura en el mapa de India, una pequeña ciudad ubicada a 3500 metros de altura, en la frontera con El Tibet (y) China; allí donde los límites aun están en disputa y la zona está altamente militarizada.

Los dos primeros días fueron de aclimatación, es que la altura y el clima árido-alpino nos generaban un apunamiento terrible con jaquecas, nauseas y cansancio.  Con la ayuda de medicación, descanso y mucha agua logramos acostumbrarnos y pudimos empezar a disfrutar este hermoso destino.

Aquí tuvimos el primer encuentro con los refugiados tibetanos y su cultura. Dado a su cercanía con el Tibet y gracias a la hospitalidad del gobierno Indio, miles de perseguidos por la tiranía china cruzaron los Himalayas para instalárse con sus familias y sus tradiciones. Su cultura resulta ahora omnipresente y transmite una paz contagiosa que dan ganas de convertirse al budismo.

Introduciéndonos también en una nueva gastronomía, nos hicimos asiduos a un restaurante local/tibetano donde degustamos los Momos (empanaditas hervidas al vapor rellenas con verdura, pollo o búfalo) y el Thukpa (Sopa de vegetales y fideos anchos). Si bien no compite con los sabores y especias Hindúes, fue una nueva experiencia culinaria. El Tío Carlitos, que es experto en restaurantes y comida de todo el mundo, fue un nuestro líder gastronómico.

Desde la ciudad de Leh recorrimos el área de Nubra Valley. Para acceder, tuvimos que atravesar en auto el paso motorizado más alto del mundo (Khardungla Pass – 5800mts.) en donde no está permitido quedarse por más de 20 minutos como medida preventiva para la salud. Unos metros más abajo visitamos pequeñas villas  de montaña que parecían sacadas de un relato bíblico. Un oasis verde posando en las áridas laderas de las escarpadas montañas. Construcciones a base de piedra y madera detenidas en el tiempo donde sus habitantes aun viven en comunidad como en la época medieval, luciendo sus vestimentas tradicionales y acarreando en sus espaldas alimentos para animales, rocas para la construcción o parte de su cosecha. Sus humildes posadas exhiben al frente pequeñas huertas de trigo, avena, maíz y otros vegetales para autoabastecerse o almacenar para pasar los 6 meses de nieve en los que se mantienen refugiados en el interior de su hogar calentados con salamandras a leña. Los alrededores de las aldeas están dominados por antiguos monasterios budistas, e incontables estupas ubicadas en lo alto de las laderas.

Un trekking de 2 días nos llevo por el hermoso y árido cordón montañoso de los Himalayas;  por las noches nos hospedábamos en casas de familia que proveían cama (colchón en el suelo) y comida. Los baños consistían en un agujero de tierra compartido y la cadena no era más que una pala; las duchas, por otro lado, eran baldes de agua fría acumulada que no incitaban a higienizarse. Pero a pesar de la ausencia de lujos, y gracias a la paz interior de la gente, logramos relajarnos y conectarnos con nuestro lado zen.  Uno de los albergues destacables fue “Toro Guest House”, una casita insignificante por fuera pero con un gran tesoro adentro: Titi (el dueño del lugar y un referente en la villa y de la vida). Un anciano tibetano que respondió a todas nuestras dudas sobre el budismo y  quien explicaba todo con anécdotas y moralejas. Incluso cuando planteábamos objeciones frente a sus creencias, supo con inteligencia darnos lecciones de vida.

Lastimosamente el fin llego para este hermoso pedazo de planeta y volamos al siguiente destino: Manali, un pequeño pueblo de montaña con estilo hippie, bastante occidentalizado pero muy relajado. Este es el hub para las distintas actividades de la zona y la mecca centro vacacional especialmente para israelíes; a tal punto  que los restaurantes servían comida hebrea y sus menues y carteles estaban traducidos en su idioma. Fueron ellos quienes lo convirtieron en lo que es hoy y son ellos los principales visitantes. Nuestro equipo veterano no mechaba con la onda del lugar así que pasamos aquí solo 2 días, incomodados un poco por la juventud liberal y otro poco por el constante humo de marihuana que invadía cada sitio.

En un auto privado nos mudamos al área de Kasol, más específicamente a la pequeña aldea de Tosh.  Aquí no hay más que montaña, unas pocas casas y un puñado de hoteles, pero además del turismo y la naturaleza, su actividad principal es la cosecha y venta de marihuana a los extranjeros que la visitan en general para conectarse a la onda Bob Marley. Visiblemente es un comercio furtivo, ya que todo verde a nuestro alrededor eran plantas de marihuana que duplicaban nuestra estatura. Nos unimos a la honda Hippie y  aunque sin ayuda de estupefacientes, nos relajamos y disfrutamos de los alrededores, incluyendo caminatas a cascadas y pueblos aledaños.

El anteúltimo destino juntos fue, por acuerdo mutuo, Darhamsala. Centro turístico y espiritual que acoge la mayor cantidad de tibetanos en exilio, y es también hogar del Dalai Lama (Leader espiritual de los budistas del Tibet). Aquí nos hospedamos en la parte alta de la montaña, en un pueblo llamado Bagshu que parece estar flotando entre las nubes. Un lugar tranquilo con muchas opciones de cursos cortos como por ejemplo de cocina india, yoga, reiki, música, macramé y más, que invita a los visitantes a quedarse por largo plazo. Pero nosotros estuvimos solo 4 días, y durante ellos recorrimos Daramkot, varios templos tibetanos, mercados, plantaciones y fábricas de té.

Finalmente regresamos a Delhi, último destino de esta aventura juntos. Allí nos dedicamos a revolver góndolas entre los pequeños negocios de alrededor buscando regalos que llevar de recuerdo. Decepcionantemente, la mayoría de los souvenirs eran de una calidad extremadamente baja así que optamos por invertir el dinero en lo que más nos gustó de la India: La comida. Brindamos por un hermoso viaje juntos y llegó la hora de despedirse. Cada uno tomo su vuelo con diferente destino. Richard y Carlitos de regreso a su hogar y nosotros dos seguimos la aventura en el país vecino: Nepal.

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