Llegar a Nha Trang fue un recorrido corto, y la primera impresión fue la que teníamos de Miami de haber visto en las películas: Una extensa avenida con boulevard desde donde se puede apreciar la vista completa del océano tranquilo, libre de hoteles o restaurantes ostentosos, solo separada de los autos por una ancha playa de arena blanca, palmeras, gente andando en rollers, paseando el bebe o al perro. Algo así es Nha Trang, pero lejos de América.

Llegamos temprano y buscamos alojamiento en las cercanías. Desesperados por aprovechar la preciosa playa desolada, nos sumergirnos en el océano calmo para apaciguar el calor, después nos tirarnos a descansar y a disfrutar del sol. Para el momento que nos despertamos, nos encontramos con la increíble sorpresa que lo que parecía ser una playa con suficiente espacio para todos, imposible de llenar, ahora estaba infestada de gente como ¨la Bristol¨ en temporada. Al siguiente día la escena se repitió y nos percatamos que alrededor de las 4 de la tarde, cuando el sol empieza a apaciguarse y ya no quema, la gente local aprovecha para ir a la playa sin broncearse y llevar a sus chicos al mar, con tal sincronización que parecen acordar previamente por facebook para aparecer al mismo tiempo. 

Contratamos una excursión de medio día en barco que navegaba a través de las islas, lo pagamos tan barato que después de terminado, entendimos que literalmente ¨se tiene lo que se paga¨. Un bote rebalzado por cientos de Vietnamitas, nos llevó a un acuario bastante descuidado con poco que ofrecer, a un pésimo spot para hacer snorkel sin el equipo adecuado, y a una «playa» de una isla  privada que encima de pagar entrada extra, era totalmente artificial con piletas de cemento. De todas maneras, nos la rebuscamos para pasarla bien gracias a la alegría de la gente entre música, bailes, cantos y un improvisado bar flotante que servía solo vino con ananá.

A la vuelta, alquilamos una moto y conducimos hasta una playa alejada que nos habían recomendado, para escapar de la multitud, pero de igual manera estaba repleta e incluso con menos espacio.

El último día lo pasamos en un spa donde tomamos un baño de barro que nos dejo la piel suave como la de un bebe, nos relajamos en cataratas y piletas de agua caliente y jacuzzis, pero luego por la tarde, la historia de la playa se repitió en otro escenario, pero esta vez con grupos de chinos.

De  noche, tomamos otro sleeping bus con destino a Hoi An. El lugar más prometedor de Vietnam.