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Para evitar el largo recorrido hasta Beijin, de donde teníamos planeado el siguiente vuelo, decidimos hacer una parada intermedia en Pingyao. Un pequeño pueblo (en relación a los standares chinos), de casi 1000 años de antigüedad, que si bien no está dotado de un paisaje natural encantador, fue el lugar de nacimiento de los hombres de negocios y hogar de casi todas las grandes casas de cambio en China, hasta el punto que fue considerada lo que el Wall Street es hoy para los EE.UU. Esto dejó como consecuencia una magnífica ciudad antigua con una valiosa herencia y una serie de grandes residencias de la época de esplendor

Una muralla de 7km que encierra una arquitectura repetida en todas y cada una de las casas que la componen. Las calles de adoquines, las esquinas de los techos en forma de dragón, los grises del cemento y la cultura conservada hacen de Pingyao un lugar único.

Nos hospedamos en un hotel central, con una cama de piedra (literal) ancha y extremadamente dura, de almohadas altas tal como, según exponen los museos, era en la antigüedad. Para calentarla colocaban piedras calientes debajo.

Compramos el ticket que da acceso a todas las atracciones del pueblo como Templos, casas de emperadores, jardines, etc. y recorrimos en 2 días casi toda la ciudad.

Dedicamos también un buen tiempo a caminar casi la mitad de la muralla. Nos deleitamos sacando fotos y disfrutando de las vistas panorámicas. Manadas de palomas nos sobrevolaban y hacían que a cada rato levantáramos las cabezas para seguirlas, generando una sensación de libertad absoluta.

Si viajas a Cina y tenes un tiempito extra, este lugar es hermoso.