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Taj Mahal Agra India

En un tren nocturno de 18hs dejamos la provincia de Rajasthan para llegar a Delhi y encontrarnos con “Richard” (Papá de Sabrina). Estábamos inquietos, no sabíamos cómo podría reaccionar al viajar por primera vez a un país asiático…y empezar por India era un gran desafío… Para nuestra sorpresa, su primer reacción fue de gusto, de fascinación por lo distinto, por los colores y las vestimentas; se sumó fácilmente a nuestra pasión por la comida Hindú y se acostumbró velozmente a desconfiar de todos los que con un “Hello my friend” se acercaban a vender algo a un precio inflado.

Esquivando el tráfico y regateando con los auto-rickshaws, recorrimos las principales atracciones de la capital. Visitamos el fuerte rojo, que fue una decepción tremenda luego de haber visto  construcciones muchísimo más interesantes; el Main Bazar, lleno de hoteles, restaurantes y negocios que venden artesanías, ropa y todo tipo de chuchería y el mercado de especias en donde compramos condimentos varios para agasajar familia y amigos a nuestro regreso en Argentina.

En busca de qué más visitar, investigamos en Tripadvisor cuál era la mayor atracción de Delhi, y numero 1 aparecía el templo de Swaminarayan Akshardham (que por su complejo nombre, lo denominaríamos de aquí en adelante  con sobrenombres como “sabaranda noseaguanta”, “Sabaranda sintarain”, “saminaranda wanda” y otros…). Esta terminaría siendo la mayor anécdota del viaje en familia.

A medida que nos acercábamos a la entrada, nos fascinaba la mega infraestructura, la seguridad, la limpieza y los millones de dólares invertidos en ese templo moderno. No sabíamos que era, nos sentíamos en Disney Land, estábamos confundidos pero seguíamos a las masas.

La entrada era totalmente gratuita, pero habían 3 atracciones pagas que decían transportarte por India, su cultura y sus paisajes, así que decidimos comprar el ticket para todos los shows súper entusiasmados! El primer entretenimiento era un recorrido por varias salas con escenografía impresionante y marionetas mecánicas que narraban la historia de una persona sabia y milagrosa… Pasamos así por casi 10 salas…y ya hartos y confundidos salimos creyendo que se trataba de la historia de Budha. Al consultar, nos dijeron que todo este circo era para el “Budha Moderno”… (¿mmm..?) El siguiente ticket nos llevaba a un recorrido en bote por la historia de éste ser milagroso y no dejaban de hablar de él como un ser superior al que había que idolatrar y dejar donaciones.
Entre carcajadas de desconcierto frente a tal lavado de cerebro, dimos la última chance a la película en pantalla gigante…pero una vez más, un video macabro intentaba obligarnos a amar al nuevo Lider…. Con miedo a levantarnos en medio de la película y ser iluminados y cuestionados, nos escapamos a hurtadillas sintiéndonos en la secta de Los Movimentarios de los Simpsons. Para hacer valer nuestro tiempo, presenciamos un show de luces acuaticas en el que multitudes de hindúes gritaban emocionados y alababan al nuevo Dios… Nos fuimos con sentimiento de pena ajena y para no irnos con las manos vacías, entramos al templo propiamente dicho. Estaba bañado en oro, tallado en mármol y relucía con lujos y cajas de donaciones repletas de billetes… A pesar de nuestra sensación de amargura frente a una secta que lava el cerebro de gente humilde, que se abusan de la fe de los ciudadanos y que gastan miles de millones de dólares para mantener esa pantomima mientras a sus alrededores gente amputada y en extremas condiciones de pobreza se muere, la gente tenía una sonrisa en la cara y se veía feliz. Fue una experiencia entristecedora, pero confirmó una vez más que este país vive de la fé en alguno de sus millones de dioses.

El siguiente destino juntos sería Agra, ahora los 3 en la aventura de sobrevivir otro día en la India… Esta ciudad es   una visita obligada entre los viajeros que sueñan con conocer el Taj Majal, el monumento al amor que fue declarado una de las 7 maravillas del mundo moderno. El mausoleo de arquitectura islámica fue construido por el emperador Mughal Shah Jahan para su esposa favorita (sí…tenía muchas!) que falleció dando a luz a su hijo. La leyenda cuenta que años más tarde su hijo lo derrocó y metió en prisión; así pasó el resto de sus días mirando por la ventana como se construía la tumba de su mujer hasta su propia muerte. Sus hijos lo sepultaron en el Taj Mahal al lado de su esposa, generando así la única ruptura de la perfecta simetría arquitectónica. Otra de las miles de leyendas, cuenta que después de terminar la obra, el emperador hizo cortarle las manos a los obreros para que jamás se viera otra obra igual.

El caluroso día bajo el sol de Agra terminó con nuestro regreso a Delhi, desde tomamos el tren nocturno a Amritsar, ciudad de la provincia de Punjab ubicada a tan solo 30km de Pakistán. Viajamos como reyes en primera clase (primera y única vez) y llegamos bien frescos por la mañana para recorrer la ciudad de los Sij (Sikh).

Nuestra intención original era dormir en el mismísimo templo dorado, donde proveen acomodación gratuita para locales y turistas. Fuimos a dejar los bolsos y ocupar una de las camas en la habitación compartida pero tras escuchar anécdotas de pulgas creímos que la mejor alternativa sería un hotel cercano así que nos fuimos a buscar alojamiento entre las caóticas calles de la ciudad.

Una vez resuelto el tema del hotel, fuimos a visitar el famoso Templo Dorado; epicentro cultural y espiritual de la religión Sij que es aún más visitado que el Taj Mahal . Su historia de está marcada por incontables luchas y conquistas que convirtieron a los fieles religiosos en guerreros salvajes de un solo Di´s. Se enfrentaron a los musulmanes y a los hinduistas, diferenciándose de ellos y creando su propia religión que paradójicamente los presenta tan buenos y amables como brutales y  crueles con sus contrincantes. Hoy en día miles de voluntarios trabajan en el templo para brindar a los visitantes comida, hospedaje y hasta lustrado de zapatos totalmente gratis o  a cambio de una donación. Este templo funciona las 24 horas del día, y sus instalaciones están completamente colmadas a toda hora de peregrinos que vienen a visitar de todas partes de india y el mundo. Es un oasis de silencio y calma en el medio de la caótica ciudad de Amritsar.

Para pertenecer, y ser un Sij puro, deben cumplir la ley de las “5K”: dejar crecer el pelo de su cuerpo (cabello, barba, etc) sin jamás cortarlos (Kesh); Tener una manera adecuada de peinarse utilizando un peine de madera que llevan siempre consigo (Kangha); usar calzones cortos que les de la movilidad de un guerrero (Kuchha); utilizar una pulsera de acero en su mano derecha que simboliza la honestidad y fortaleza (Kara); cargar siempre un sable o espada para defenderse a si mismo o a quien lo necesite (Kirpan). Además, no deben fumar, comer carne, tener sexo con una mujer musulmana ni tomar alcohol o estupefacientes.

Pero la ciudad de Amritsar no es solo el templo dorado, es también famosa por la masacre de Jallianwala Bagh; sucedida en 1919 durante la revolución India liderada por Mahatma Gandhi. Mientras el libertador del país promovía la lucha mediante la no violencia, un capitán inglés ordenó la matanza de miles de indios de diversos credos, hombres, mujeres y niños desarmados que pedían su independencia de la cruel corona británica. Este acto tuvo una gran implicancia en la decisión de los ingleses en devolver la autonomía al país. Hoy en día en este jardín pueden verse los remanentes de las balas que impactaron en la pared, un pequeño museo de fotografías y un monumento a las víctimas.

Para salir un poco de la ciudad, en búsqueda de un poco de verde, tomamos un taxi a un santuario de aves al que migran miles de especies de todo el mundo; pero no era temporada y no vimos más que un pantanal, de todos modos, caminamos por horas sin escuchar ruido de autos ni bocinazos. Era el respiro que necesitábamos.
Habiendo recorrido los principales destinos turísticos del país, nos despedimos de las grandes ciudades y nos tomamos un avión destino a la provincia Jammu-Kashmir, en donde sumamos un aventurero experimentado a nuestro clan…el tío Carlitos de Israel.

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