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Viajando por India Varanasi

Cuenta la historia que hace 3500 años el dios Shiva (el destructor para la salvación) quemó a su esposa fallecida a orillas del Rio Ganges con el fin de separarla en los 5 elementos básicos en que está formado un humano (aire, agua, fuego, tierra, y eter). Desde entonces el mismo fuego que utilizó para encender el cuerpo se mantiene vivo en un templo sagrado y gente de todas partes de india y del mundo vienen a Varanasi a morir en las aguas divinas del Ganga. Según la creencia Hindú, Varanasi se encuentra en la punta media del tridente que sostiene Shiva, y aquellos que sean cremados y arrojados a este río van directo a la Nirvana, cortando el ciclo de la reencarnación.

Para dicho proceso los cuerpos son traídos en improvisadas camillas de bamboo tapados con mantas de colores y arreglos florales; son cargados por los familiares hombres que avanzan cantando mantras religiosos mientras se lo introduce en el río para purificarlo; luego se lo quema en público sobre una gran pila de madera especial que cuesta fortunas. Aquel encargado de encender la llama debe vestir completamente de blanco y afeitarse la cabeza por varios días. Luego de varias horas, las cenizas son esparcidas en el Ganges. Las mujeres no son bienvenidas al ritual, ya que son sensibles, y el mero hecho de llorar impediría el avance del alma al paraíso.

Existen 3 crematorios principales que trabajan 365 días del año las 24 horas del día, despidiendo un promedio total de 300 personas por día por crematorio. Un espectáculo que no es posible fotografiar por respeto a los familiares pero que es un acto único, no apto para impresionables.

Todos los días, de mañana y de noche, la casta más alta de Hindúes (los Brahma) montan un multitudinario evento de rezos para venerar al río más famoso del país. Un rio que además de acunar millones de almas, es utilizado para tomar baños, lavar ropa, refrescarse un día de calor y hasta beber su agua o cocinar con ella.

En laberintos de estrechas calles sin vereda, coexisten a toda hora humanos y animales que convierten este espacio en un lugar que nunca para…La gente se baña, come, y hasta hace sus necesidades en público; los puestos callejeros de verduras y frituras de dudosa higiene, y las vacas, las cabras, los burros, los chanchos, monos, ratas y perros forman parte del tránsito sin semáforo ni control. Los animales buscan hacerse de un poco de comida entre la basura esparcida o intentan meterse en casas y templos de donde usualmente son echados a palazos. Caballos, camellos o elefantes que llevan a turistas en su espalda, sumado a tractores, autos, motos, autorickshaws, bicirickshaw (tipo taxis-moto y taxi-bici), bicicletas y por como si fuera poco peatones que tratan de abrirse camino entre la multitud convierten el salir a la calle en toda una odisea. Un completo loquero.

Jamás en nuestros viajes visitamos un país similar. Este es un mundo en sí mismo donde se vive intensamente. A diario se ve gente mutilada o carcomidos por la sarna, mendigos en condiciones de pobreza extrema, “sadhus” (hombres santos que renuncian a todo para buscar la espiritualidad) pidiendo donaciones y gente descalza caminando entre excremento y la basura que se avecina por doquier.

Existen cientos o miles de pequeños recovecos llamados “templos”, donde la gente le reza y ofrenda flores a pequeñas estatuillas o incluso a piedras que sobresalen del piso. La religiosidad y adoración a los 330 millones de dioses (cifra real) abarcan casi todas las facetas de la vida de un hindú.

Todo aquí tiene un significado más allá de lo que nuestros ojos pueden ver o nuestra mente puede entender. Los canticos, los movimientos, los colores y los olores, la devoción incalculable de fieles y peregrinos, el barullo, las multitudes…La india.

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