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Mar muerto Israel

Con una pequeña carpa prestada nos fuimos a acampar a las orillas del mar muerto para asegurarnos un asiento de primera fila en el amanecer de Masada. A pesar de los 40° de temperatura que hacía incluso por la noche, y el suelo duro de tierra, sobrevivimos la noche…

El bien otorgado apodo de ¨mar muerto¨ se debe a que ninguna especie es capaz de sobrevivir al nivel de sal en el agua. Zambullirse en sus costas sin olas es una experiencia única e inigualable, sin embargo, hay que tener mucha precaución porque la sal se filtra por cualquier herida abierta, por más mínima que sea, y resulta en un dolor insoportable. Lo decimos por experiencia!!

Recordamos sentir como el agua NO te refresca. Es espesa, como de consistencia aceitosa y color violáceo. Su densidad te impide sumergirte, y te mantiene siempre a flote haciendo que nadar sea para principiantes. En sus orillas encontramos piedras cubiertas con una gruesa costra de sal, más allá, sobre la costa, escarbamos un poco a mano para embadurnamos en el famoso barro de minerales que nos iba a dejar la piel como la de un bebe recién nacido.

Lastimosamente está maravilla natural se está secando y retrocede unos 20 cms al año a causa de que el río Jordan, hoy en día, no es más que un hilo de agua y solo llega hasta el mar muerto, únicamente, unos cuantos meses al año.

En este punto geográfico la tierra alcanza su punto más bajo en la superficie. A más de 400 metros de altura por debajo del nivel del mar, el sol es mejor filtrado por la atmósfera y no lastima, pero sin embargo el calor sigue siendo agobiante y a las 8 de la noche todavía hacía 40 grados de temperatura.

Nos fuimos a dormir tarde después de una cena simple pero el piso de la carpa estaba extremadamente duro y caliente, que sumado a la ausencia de un colchón u aislamiento,  no nos dejo pegar un ojo hasta la madrugada. Sin embargo no nos detuvo para despertarnos tempranos y salir en una mini-van hacia Masada.

La meseta de Masada fue incluida  a la UNESCO como símbolo del último fuerte de combatientes por la libertad Judía frente al ejército Romano. Tanto sus características geográficas, como la separación del resto de los montes del área, favorecieron la construcción de un complejo palacio-fortaleza natural estilo romano antiguo.

No llegamos a ver el amanecer, pero de todas maneras escalamos su camino de serpiente hasta las cima bajo el incesante calor del desierto. Además del encanto de sus ruinas y del asombroso sistema de cisternas de agua con el que se abastecían,  el lugar es famoso por el desenlace de la historia de las 960 personas que vivieron allí, y que después de casi 1 año de asedio por parte de los romanos, perdieron toda esperanza y  prefirieron morir bajos sus propias manos que vivir una vida de vergüenza y humillación como esclavos.