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Cuba mágica

En el avión volvimos a escuchar el español después de tantos meses en países de habla extranjera (volvíamos a América después de casi 2 años en Australia, Filipinas, Myanmar e India).

Incluso antes de aterrizar sentimos la calidez y simpleza de los cubanos. Nuestra primera vez en Centroamérica se materializaba y de una forma muy positiva. Los locales nos daban la bienvenida con abrazos y besos y nos dejaban entender que todos los hermanos latinos eran bienvenidos a su país, y sobre todo, aquellos que provienen de la tierra de su querido “Che” (Ernesto Che Guevara).

Es imprescindible conocer un poco de la historia para entender el presente de Cuba. Desde 1959 y después de la Revolución Cubana en contra de una dictadura, Fidel Castro fue el presidente socialista que convirtió al país en uno de los últimos lugares del mundo en el que subsiste este modelo, el mismo que es motivo de aplauso y crítica dependiendo de quien dirija la mirada. Desde 1989, con la caída del bloque comunista y el muro de Berlín, Cuba entró en una época difícil, de aislamiento económico, productivo y de bloqueo Estadounidense que les dificultó, pero no impidió del todo, el desarrollo de la industria interna. Los trabajadores fueron entonces plenamente estatales, recibiendo sueldos insignificantes y cuotas alimentarias controladas con sistemas de libreta.  Regía sobre la sociedad un sistema de control temerario; aquellos que hablasen o se manifestasen en contra del gobierno, portasen dólares americanos o manifiesten libertad de expresión, serían aprisionados, multados o incluso asesinados. Sin embargo, desde hace unos años, tras la muerte del líder comunista y la sucesión del poder a su hermano Raúl Castro, algunas cosas cambiaron; una de ellas es la posibilidad de trabajar de manera independiente con una licencia habilitante; la mayoría se dedica entonces al turismo, rentando una habitación en su casa o bien trasladando extranjeros en un cacharrito viejo que funciona de taxi.

En la vía pública no existe la publicidad comercial propiamente dicha, sino que hay carteles y paredes pintadas con frases políticas, de la revolución y del orgullo a la patria distribuidas por todo el país. Hay tantas ya que aturde. Aquellos que son fieles al sistema lo son al 100%, y quienes se oponen, lo hacen en misma proporción. El arma más fuerte de la revolución fue, y es en menor medida ahora, el chismerío; se crearon comités de revolución en cada una de las comunas, una especie de chivos expiatorios que actuando como un vecino más, están atentos a las conversaciones contra el gobierno y delata a los agitadores o desertores.

A diferencia de muchos, aterrizamos en el aeropuerto de Holgín, al sur de la isla. De allí nos dirigimos a Guardalavaca, una playa paradisíaca que nos recibió con un huracán y nos impidió disfrutar de sus aguas caribeñas.

Escapando de un clima lluvioso y con ganas de ver un poco más del país, nos fuimos a Trinidad, del que habíamos escuchado solo buenos comentarios que confirmamos tan solo entrar al pueblo. Su arquitectura colonial, sus calles de adoquines y coloridos caserones con enormes puertas y ventanales decoradas con herrajes de época logran un paisaje único. La gente, tan amable y abierta y el famoso “Club de la música” que nos permitió conocer muchos lugareños y vivir una noche a su estilo: tocando la guitarra y cantando improvisadamente sentados en la calle hasta que la policía creyó que había sido suficiente.

Cabalgamos por sus alrededores entre plantaciones de caña de azúcar, para llegar a una hermosa cascada de agua cristalina donde pasamos la tarde tomando ¨Guarapo¨ la bebida local hecha a partir de caña de azúcar y limón. Otro día pedaleamos hasta la playa cercana de ¨Arcón¨, que no tiene mucho que ofrecer ni que envidiar.

Apretados por el vuelo que nos imponía una fecha de salida, tomamos un taxi compartido hasta Viñales, dueño de los mejores campos del tabaco del mundo y de una belleza inexplicable gracias a su paisaje abstracto rodeado de ¨mogotes¨. Hicimos un recorrido por sus tierras rojizas hasta las casas de secado donde degustamos habanos puros hechos artesanalmente. Al día siguiente pasamos un día de sol en las hermosas playas del Cayo Jutías y por la noche encargamos langosta de cena en la casa donde nos estábamos hospedando. Reticentes a querer dejar este pequeño lugar, decidimos pasar otro día en un camping local cercano disfrutando de la pileta.

Finalmente llegamos a la gran ciudad: La habana. Donde sus habitantes buscan una alternativa para sobrevivir con sus U$D18 de sueldo mensual, ya sea enamorando extranjeros, engañando al turista o inventando cuentos fabulosos para sacarte de manera sorpresiva algún que otro verde. En esa ciudad sí que se siente la desesperación y la famosa “Jineteada” (término que ellos utilizan para determinar a quienes engañan al turista para sacarle dinero). Nos sorprendió la vestimenta de hombres y mujeres. Ellas visten muy provocativas, tanto las jóvenes, las mayores y las colegialas desfilan con colores brillantes, ropa ajustadísima, polleras cortas y escotes pronunciados y los hombres andan de un blanco pulcro luciendo cadenas y accesorios de oro que obtienen del tráfico ilegal de indumentaria o se lo piden a turistas.

Para nuestra sorpresa, Cuba (o al menos las zonas turísticas que visitamos) resultó un país mucho más desarrollado de lo que esperamos, con ciudades limpias, carreteras amplias y bien mantenidas, casi sin autos (debido al alto costo y los bajos sueldos) y con casitas humildes pero acogedoras que mantenían sus puertas abiertas para que sus amigos y vecinos entrasen cuando quieran. Se la pasaban sentados en su silla hamaca desde donde conversaban a los gritos con quienes pasen por allí y siempre pero siempre escuchando música. Se aprecia una atmosfera caribeña rodeado de sol, palmeras, música y mojitos donde se respira un estilo de vida relajado.

Al cabo de unos días nos dimos cuenta de que aquellos lugares que visitamos quedaban en un segundo lugar, porque la atracción principal era la gente. Los cubanos. Nos es imposible referirnos al país sin hablar de ellos: Autodenominados ingeniosos e inventivos, por las necesidades que los azota; son cuenteros por excelencia, como ellos dicen, “le dan a la muela”,  son conversadores, y ya no temen hablar con cierta libertad de sus opiniones políticas. Una raza extraña de personas con una perspectiva del mundo influenciada por la información deformada de los medios de comunicación estatales, las películas, la televisión, las charlas con los turistas o testimonios de aquellos que sobrevivieron a la osadía de emigrar a su país vecino (Estados Unidos) donde rige la ley de “ajuste cubano”, conocido como pie seco, pie mojado. Un vecino al que muchos patriotas cubanos odian pero otros veneran, que algunos lo tildan de enemigo público pero otros lo toman como ejemplo a seguir, que supone ser la raíz de todos sus problemas pero eje de todas las soluciones.

Sus rasgos físicos corresponden a una clara combinación entre los colonos españoles y los africanos que fueron traídos como esclavos para cosechar la caña de azúcar y el tabaco. De su mezcla surgieron los mulatos caribeños que enlazaron los sonidos de la guitarra y los tambores para formar el ritmo Mozambique, la salsa y la rumba cubana, aquella que suena en las calles o en vivo en todos lados y que llevan marcada a fuego en la sangre, y tienen un talento natural para bailarlo al punto de que pareciera convertirse en su mayor fuente de energía diaria.

Creímos que Cuba nos gustaría, pero no nos gustó… nos fascinó. Cada día y a cada paso veíamos algo que nos sorprendía. Cuba es único en el mundo y en cierta forma su estilo de vida es envidiable. Cuando le preguntamos a un taxista (a los que más les encanta hablar) cuál es la mejor palabra que define a un cubano, nos dijo ¨Conformismo¨ y que “recibir un dólar les hace feliz”. Confirmamos en los 13 días de estadía que efectivamente el chofer tenía razón; el cubano come lo que puede, no lo que quiere; compra lo que hay disponible, y no lo que necesita, vive como puede y se conforma con lo que tiene.

El cubano es conformista. Come lo que puede, no lo que quiere; compra lo que hay disponible, no lo que necesita, vive como puede y se conforma con lo que tiene

Chofer de un taxi en Cuba

Aunque sus conversaciones con el país de los gringos están haciendo menguar el futuro político y económico del país, siempre la recordaremos tan autóctona y especial como en sus últimos tiempos socialistas.

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