Elegimos como último destino en el sur de Tailandia, y por recomendación, Ao Nang.  Una ciudad costera en la provincia de Krabi, que fue castiga por un terremoto en el 2004. Un destino turístico desarrollado, famoso por los amantes de escalada ya que se encuentra situada a metros de un acantilado de piedra caliza gigante.

Sin perder el tiempo, la primera noche alquilamos una moto y nos fuimos a un mercado nocturno que funciona solo los fines de semana. Como de costumbre, picamos de todo un poco, y rematamos con un fried ice cream de banana y oreo. Riquiiiiisimo! Aprovechamos la oportunidad y metimos los pies en unas peceras gigantes repletos de pecesitos que te hacen masajes comiéndote la piel muerta. La sensación es como poner el pie en un chorro de agua. Nos dejaron los pies lisos!!

Al día siguiente, conseguimos información fiable en el hotel y nos dirigimos a una serie de atracciones con la moto:

Emerald Pools: Una pileta natural incrustada en la roca, con agua totalmente esmeralda en donde podes refrescarte, nadar, y relajarte

Hot stream: Unas cascadas naturales de agua caliente que forman pequeñas piletas individuales en la roca. La temperatura del agua rondaba 40° por lo que resulto agobiante luego de 30 minutos, ya que afuera no bajaba de los 35°.

Tiger Cave : Un santuario incrustado en una cueva en la base de una colina. Accedimos hasta la cima después de 1237 escalones, algunos de los cuales los mas empinados que jamás habíamos visto. Tardamos aproximadamente 1 hora en subir y bajar, fue muy agotador, el sudor parecía una ducha y las piernas nos temblaban a punto de flaquear. Arriba nos esperaba como recompensa una vista maravillosa de toda la ciudad donde vimos el atardecer, seguido de un Budda y una campana gigante. Lo valió.

La mañana siguiente fuimos a la Península Laem Phra Nang y su hermosa playa de Rai leh. Solo accesible a través de botes taxis long tail en 10 minutos de naufragio.

Despues de un unas horitas de playa, alquilamos un kayak para llegar remando a la playa de arena blanquecina y agua transparente color jade Hat Phra Nang, que conforma una de las postales más bellas de Tailandia. Esta playa gobernada por la formación kárstica que se asoma al mar en la punta de la península y adornada por los islotes que parecen observarla desde el mar.
En el pie de la formación karstica, típica de Rai Leh, está la imponente cueva de Phra Nang, que dá nombre a esta playa, y en su interior se encuentra un pequeño altar y miles de penes de madera que significan fertilidad para los pescadores locales

En el islote de enfrente se asoma la pequeña playita de Hat Rai Leh West que se puede acceder caminando con el agua hasta las rodillas. 

Lastimosamente no pudimos tomar fotos del lugar por miedo a que se nos moje la cámara en el kayak.

Claro que un  lugar tan exclusivo como este solo tiene la opción de hospedarse en un majestuoso hotel llamado Rayavadee donde se puede bañar en sus playas privadas, o comer en su restaurante empotrado en la cueva. Para los menos afortunados nos queda la opción de saciar el hambre en los puestos arriba de los barcos ¨long tail¨ que se acercan a la playa con comida local.

Vuelta a la ciudad un masaje tailandes de 1 hora frente a la playa mientras llovia para aflojar las tensiones si es que las había.

Un spot increíble para decirle adiós al paraíso de Tailandia por un tiempo.