Tomamos el primer tren matutino con destino a Ayuttaya. La antigua capital de lo que alguna vez fue el vasto Imperio Tailandés antes de ser destruido y saqueado por Burma.

Al cabo de 2 hs, y con una caricatura/retrato de franco en el medio realizada por un desconocido que se nos sentó en el asiento de enfrente, estábamos en el destino y alquilando una bicicleta dispuestos a recorrer la ciudad. Cruzamos en ferry, y a primera vista nos topamos con cientos de templos de distintos tamaños distribuidos a lo largo de las calles y parques. Perdimos todo el día en visitar solo 5 de los más importantes de ellos donde rentamos un audio guía muy útil para entender el porque de cada rincón de las ruinas. Esa misma noche nos estábamos embarcando nuevamente en un tren nocturnos que nos llevaría directo a Chiang Mai.

Viajamos en segunda clase sleeper, pero la verdad que fue excelente acostumbrados a los transportes que veníamos tomando. Una especie de cuarto con 2 camas cuchetas con tus sabanas y cobijas limpias te esperan listas, aire acondicionado, cortinas, luz propia,  enchufe,  compartimiento para tus valijas y restaurante las 24hs con una amplia variedad de comida. Un lujo.

Arribamos a Chiang Mai temprano por la mañana, bien descansados, y buscamos alojamiento en el ¨Old Town¨. Una parte de la ciudad que se encuentra rodeada por canales y en algunos tramos aún se encuentra de pie una imponente muralla. Chiang Mai nos dejó la sensación de una gran ciudad que aún conserva su espíritu de pueblo.

Luego de una corta discusión tomamos la decisión de innovar e internarnos 2 días en un monasterio para aprender los misterios de la meditación, el budismo y la vida monástica.

Comenzamos en un templo en la ciudad con una introducción al budismo. Luego nos recluimos a un monasterio alejado donde íbamos a pasar el resto de nuestro retreat.  El curso estuvo bien dirigido por un joven monje tibetano que lucía muy tranquilo pero se empeñaba en instruirnos. Nos enseño la teoría y la práctica de las distintas posturas de meditación, y como alcanzar la concentración. Por la noche dormimos separados en cuartos modestos y nos levantaron a las 5 AM para ofrecer comida a los monjes, meditar, compartir y debatir la experiencia personal con el monje. Hicimos yoga y nos mantuvieron a una dieta de vegetales. Finalmente entendimos muchas  de nuestras  incógnitas,  acerca del buda, los monjes, y sus creencias. Fue una experiencia muy distinta, intensa y positiva. Nos gustó mucho, pero concluimos que nunca podríamos llevar esa vida.

Al día siguiente compramos una excursión completa que incluyó una visita rápida a un vivero de orquídeas, rafting en gomones, un paseo en elefante a través del río, un recorrido en canoas de bamboo y una visita a las tribus aborígenes originarias que viven en las colinas; entre ellas las famosas  ¨cuellos largos¨ donde las mujeres a medida que crecen se enroscan en el cuello, rodillas, y codos pesados brazaletes para alargarse las extremidades.

Siendo este nuestro último destino en Tailandia y fascinados por sus cuisin, resolvimos que debíamos aprender de cocina Tailandesa. Tomamos un curso de medio día donde nos llevaron al mercado local a seleccionar las verduras y cocinamos una sopa con crema de coco, un curry y unos stir fried noodles. Nos graduamos y nos llevamos un libro de recetas!! Asi que prepárense cuando volvamos.

Por la tarde rentamos una moto y nos fuimos hasta la cercana villa de Baan Tawan o también llamada ¨villa creativa¨. La cuna de las artesanías. Gracias a Dios que llegamos un poco tarde cuando muchos negocios ya habían cerrado, porque nos hubiéramos fundido ahí y se acababa nuestro viaje. Alcanzamos a deslumbrarnos con algunas maravillosas obras de arte desde artesanías hasta muebles que llenaron nuestros ojos.

De camino a la frontera con Laos hicimos una fugaz visita al extraordinario templo blanco. Una maravilla arquitectónica que nos dejo boquiabierto con sus  esculturas.

Nos esperaba un largo camino hacia el primer destino en el incierto Laos.